jueves, 7 de mayo de 2009

Hermafrodita



El sentir de un Hermafrodita

El mundo está lleno de espejos, todos los mirabas. Los hay de diferentes formas y colores, hay también espejos en formas arquitrabadas y volubles, hay espejos abiertos y cerrados, hay espejos que nunca reflejaron el rostro y los hay, también, espejos que mil rostros contemplaron.

El vello también cesó. El mundo se retorcía ante sí, se revuelca como un tornado lleno de rabia , le da pena para el mundo y su ignorancialo ven como un fenomeno en una nueva forma. Miraba a aquéllos a los que llamaban sabios, encarcelados. Hablaban de la libertad sin espejos, nunca comprendieron la palabra.

Ahora, privado de su deseo, comprendía. incluso, de sentir hambre.
El espejo devolvió una suave melodía taciturna. Le miraban los hombres creyéndole mujer y las mujeres tomándole por hombre,
placeres de sangre y fertilidad.
placeres acariciar sus senos y tocar su miembro

Sobre la colina, el hermafrodita despertó.
Había un río
Había un cuaderno y hubiera habido un hombre que escribe, de larga barba lampiña.
Gobernados por el deseo, reflejados en aquéllos que también anhelaban, incapaces de contemplar su propio rostro. Sobre la tierra, fértil, los desgraciados dioses cometieron su peor error. Sabía que, un día, sus miembros se retorcerían y se quebrarían, ancianos. Atusó su largo cabello y fingió mirarla. Ardía. Ni siquiera el amor de una madre está ausente de deseo. Le sintió, muchos años delante, con la nariz inclinada, su boca abierta. Ni siquiera, en el más sagrado momento, pudo liberarse del pecado. Así, de su boca, esta vez, manaba sangre, animal, animal.
Apenas podía ya respirar. Los pulmones, encharcados, las costillas, rotas. Murió ahogada en su propia sangre, mientras la luna, reflejada en la ventanilla, perfilaba el rostro de su hijo y lo tejía con bucles de sonrosadas sonrisas.
El espejo contiene todos los reflejos. Así, sobre un remanso quebrado, en el centro de la cascada, un remolino envuelto en sí mismo.
No hay tristeza, es así como el hombre es hombre, cuando encuentra su lugar sobre las aguas. Hermafrodita que probó los dos sexos una noche de luna, es un pequeño remolino, estancado, que contempla el río fluir, que permanecerá, hacía atrás, congelado en un tiempo brusco.




Hermafrodita es una palabra en la que se funden Hermes (a estos efectos, el dios de los efebos, los muchachos admirados por su hermosura) y Afrodita (la diosa del amor).

Es decir que en el hermafrodita (masculino, ¡claro!) se juntan el ideal sexual masculino con el ideal sexual femenino. Nos cuenta el mito que el hijo de Hermes y Afrodita, que por eso se llama Hermafrodito, se bañaba un día en una fuente en Halicarnaso.
Al verlo la ninfa protectora de la fuente, se abrazó a él talmente enamorada, que no estaba dispuesta a soltarse de su abrazo, por lo que suplicó a los dioses que la fundiesen con Hermafrodito.
Su plegaria fue escuchada, quedando ambos fundidos en una sola persona de gran belleza, con los atributos sexuales masculinos y femeninos.



Este nuevo ser, conservando el nombre que anteriormente tenía, sirvió para denominar en nuestra cultura de la...
Bisexualidad


Lia Varney